La duda lleva mi mano hasta la guitarra,mi vida entera no alcanza para creerque puedan cerrar lo limpio de tu mirada;no existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrartu clara señal.La soledad de mi mano se da con otrasbuscando dejar lo suyo por los demás,que a mano herida que suelta sus armamentoshay que enamorarla con la mÃa o todas que los van a alzar,que los van a alzar.Una cosa aprendà junto a Soledad:que el llanto hay que empuñarlo, darlo a cantar.Caliente enero, Recife, silencio ciego,las cuerdas hasta olvidaron el guaranÃ,el que siempre pronunciabas en tus caminosde muchacha andante, sembrando justicia donde no la hay,donde no la hay.Otra cosa aprendà con Soledad:que la patria no es un solo lugar.Cual el libertario abuelo del Paraguaycreciendo buscó su senda, y el Uruguayno olvida la marca dulce de su pisadacuando busca el norte, el norte Brasil, para combatir,para combatir.Una tercera cosa nos enseñó:lo que no logre uno ya lo harán dos.En algún sitio del viento o de la verdadestá con su sueño entero la Soledad.No quiere palabras largas ni aniversarios;su dÃa es el dÃa en que todos digan,armas en la mano: « patria, rojaijú »**rojaijú: te quiero (guaranÃ)